cristina.jpgAunque use polleras y no pantalones, la presidenta Argentina, Cristina Kirchner, se calzó ayer unos no tan glamorosos para lo que ella está acostumbrada, pero bueh era lo que tenía más a mano y decidió aceptarle la renuncia a sus cargos a Alberto Abad, titular de la Administración Federal de Ingresos Públicos (AFIP) y a Ricardo Echegaray, director de la Aduana, para ponerle punto final a la disputa que venían manteniendo ambos funcionarios y que estaban afectando la marcha de su gobierno.

La interna entre ambos comenzó, cuando Echegaray advirtió que el sistema que se usa en la Aduana para controlar lo que ingresa y egresa del país tenía muchas fallas, lo cual enfureció a Abad, quien consideró que no era correcto ventilar esas cuestiones internas.

La mandataria argentina, dio una muestra a todos aquellos que insisten en mandarla a lavar los platos a la quinta de Olivos, porque en realidad creen que es su esposo Nestor el que gobierna desde las sombras, que la manda es ella y además, demostró, que para ella nadie es imprescindible en su gabinete, aunque se trate de dos piezas clave en el diagrama de su gobierno, ni siquiera pesó el hecho de la cercanía de Echegaray con su esposo.

Si bien hace muy poco la vimos en una actitud absolutamente conciliadora, haciendo un poco de árbitro entre el ministro de economía y el secretario de comercio para apaciguar las aguas, en este caso, cansada, decidió cortar por lo sano y deshacerse de los que complican su tarea.

Foto: El urbano digital