estatutoEs cierto eso de que todo llega en algún momento en la vida, más tarde, más temprano, pero todo llega…
Si bien hace ya 122 laaargos años que en el Brasil se abolió la esclavitud en cualquiera de sus formas, recién en el siglo XXI el Parlamento decidió aprobar una ley que propone la igualdad entre las razas que conviven en el país.

Tras permanecer en trámite siete años, finalmente, en estos días, el Senado Brasilero dio el visto bueno y aprobó El Estatuto de Igualdad Racial, sin embargo y contrariamente a lo que cualquiera creería ante semejante hecho histórico, que sin dudas significa un paso enorme a la hora de la inclusión de los negros, pardos y mulatos, tan discriminados en la historia brasileña, la aprobación a la cual todavía le resta la firma del presidente Lula Da Silva, se ve empañada por durísimas críticas, emanadas justamente desde uno de los grupos beneficiados, la comunidad negra brasileña, quien no ha desistido de presentar su reclamo ante lo que considera una falta de respeto y una traición directa a la propuesta original.

La principal crítica que el mencionado estatuto suscita es que el mismo carece de algunas medidas concretas que contenía la versión original que ingresó hace siete años a discusión.
De acuerdo a lo expuesto por una de las voces que de inmediato se alzó en contra del mismo, el padre franciscano David Raimundo dos Santos, quien dirige la organización no gubernamental Educafro, en el Estatuto final se omitieron cuestiones esenciales básicas tales como el sistema de cupos que favorecía la inclusión de individuos de color en las universidades, en los partidos políticos, en puestos públicos y en empresas privadas.

Concretamente lo que se excluyó y que ha generado un enorme malestar fueron los cupos previstos para ocupar cargos políticos, que indicaba una cuota de 10 % de las candidaturas para representantes de la comunidad negra y mulata. Y otra de las cuestiones que también se obvió y estaba incluida en la propuesta original fue la facultad que tendría el Poder Ejecutivo nacional para estimular a través de incentivos fiscales la contratación de más de 20 % de los trabajadores de color en las empresas.

Esta claro que el mencionado reclamo es oportuno y deberá ser atendido por el presidente Lula, sin embargo y a pesar de esta cuestión totalmente atendible es imposible soslayar que a pesar de las voces a favor y en contra que aparezcan, tal resolución reviste un hecho histórico y que seguramente constituirá un arma incuestionable a la hora de cualquier lucha futura que se abra al respecto de la inclusión negra en el Brasil.