Gracias a la saña asesina de la agrupación terrorista vasca ETA, una niña de tan solo cinco años, por estas horas, se quedó huérfana de padre, atravesando uno de los peores dolores para un hijo como es el de despedir a un padre que muere en una situación tan violenta como la explosión de un coche bomba que contenía entre 100 y 300 kilos de explosivo, en la puerta del cuartel de la Guardia Civil en la localidad de Legutiano hacia el norte de España y al cual había llegado hacía unos pocos días en busca del puntaje necesario para un mejor posicionamiento de su carrera.

El guardia civil Juan Manuel Piñuel Villalón de 41 años, resultó ser la única víctima de un nuevo despliegue de odio de los etarras que volvieron a retomar unos de sus modus operandis preferidos: detonar la explosión en una furgoneta y luego huir en otro automóvil que los aguarda en el lugar del ataque.

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Según trascendió más tarde por las autoridades españolas, que no les alcanzaban una vez más, las palabras para condenar un nuevo episodio violento de la organización separatista vasca, la tragedia podría haber sido aún peor, ya que en el lugar se encontraban durmiendo unas treinta personas, entre las que se contaban un adolescente y cinco criaturas y el alcance del material explosivo se sintió incluso en un radio de 200 metros.

En tanto, el panorama a futuro es bastante desolador para la tranquilidad de los españoles, ya que se supone que la organización que si bien sufrió una importante cantidad de bajas en el último tiempo, nuevamente está rearmada y con la fuerza necesaria para seguir infligiendo más daño.

Foto: AP