papa.jpgPor estas horas la Iglesia italiana se encuentra en el ojo de la tormenta y rodeada de polémicas.

Sabida es la intransigencia y la rigidez del Papa Benedicto XVI respecto de algunas cuestiones como el sexo, el aborto y el divorcio.
Desde que asumió el cargo de pontífice en el 2005, como consecuencia del fallecimiento del Papa Juan Pablo II, quiso marcar un cambio de timón en relación a su antecesor, retomando costumbres que ya no se practicaban desde los años sesenta, por ejemplo, como dar misa de espaldas a los fieles y en latín, entre otras cosas.

Si bien se notó la bajada de línea al sector eclesiástico, en lo que hace a estos temas, hasta el momento no se habían alzado muchas voces en contra.

Pero ahora, algunos sectores de la sociedad italiana, que se vieron afectados por esta extrema falta de apertura decidieron reaccionar muy firmemente contra los postulados de la Iglesia.

Por un lado, miles de mujeres en seis ciudades italianas encabezaron una marcha simultánea a favor del aborto y en contra de la campaña de moratoria mundial de este, promovida por el Papa Benedicto XVI.

Del otro wing, el reclamo llega desde el ámbito cultural y planteado por valiosos intelectuales italianos a raíz de las declaraciones del sacerdote de la Conferencia Episcopal Italiana, Nicoló Anselmi, condenando una escena de sexo de la película italiana, Caos Calmo, exhibida en el Festival de Berlín recientemente, por considerar que la misma no estaba encuadrada en el amor, ni tiene fines procreativos.

Aunque muy rápidamente el prelado salió al cruce de la polémica, negando rumores de censura, su comentario indefectiblemente deja ese sabor.
Un puntapié que seguramente dará lugar a nuevos cuestionamientos.

Foto: El Mundo