betancourt.jpgA pesar que hace unos meses estuvieron en el ojo de la tormenta luego del asesinato del número 2 de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) por una operación sin autorización en territorio ecuatoriano, hoy, con el logro de la liberación de la ex candidata a presidente de Colombia Ingrid Betancourt, la rehén más emblemática de la organización armada colombiana, me nace, antes que nada, decirles chapó a las fuerzas militares colombianas, que sin disparar un tiro, ni derramar una gota de sangre, tanto de propios como de ajenos, lograron la magnífica epopeya de liberarla, cuando la verdad muchos ya la daban por muerta.

En un operativo militar que se venía planeando desde hace un año atrás, cuando la milicia colombiana descubrió el lugar de cautiverio y que también sin dudas tuvo bastante de cinematográfico: infiltrados que se ganaron la confianza de los carceleros, la simulación de una operación humanitaria, entre otras cosas, el ejército colombiano, logró ponerle fin al drama de Betancourt que ya llevaba seis años y cinco meses y al de también otros 14 rehenes.

A bordo de un helicóptero y vestidos con remeras del Che Guevara para no levantar sospechas, los militares colombianos asignados a la operación no le avisaron al grupo de rehenes ni a sus carceleros hasta unos minutos después de despegar de la tierra, que ese no sería un viaje más de traslado como se esperaba, sino que era el puntapié a la libertad.

Por supuesto y según lo confirmó la dirigente en una emotiva conferencia de prensa tras su liberación, la algarabía fue tal que de los saltos casi hacen caer el avión.

Betancourt no supo o no quiso, seguramente, el desgaste y el cansancio habrán tenido mucho que ver, anunciar el posible fin de las FARC, pero yo sí me animo a aventurar que este triunfo del ejército y por ende del gobierno colombiano. también, significa un golpe durísimo al corazón de la organización terrorista que encima quedó prácticamente descabezada y a la deriva con la desaparición de sus dos principales jefes.

Foto: Clarín