Uno de los capítulos más sangrientos y violentos de la historia más reciente, como lo fue el enfrentamiento bélico entre Israel y Hezbollah, que se prolongó de Julio a Agosto del 2006, se acaba de cerrar con el histórico intercambio de prisioneros entre ambos.

Aunque la concreción de este momento tuvo situaciones absolutamente contrapuestas entre uno y otro bando. Mientras los libaneses festejaron hasta la locura la liberación de cinco presos políticos, entre ellos Samir Kuntar, el terrorista árabe más veterano preso en una cárcel israelí, convirtiéndolo en un absoluto tema de estado con la presencia en la recepción del presidente, el premier y algunos parlamentarios, los familiares de Ehud Goldwasser y Eldad Regev, los dos reservistas israelíes capturados el 12 de julio de 2006 por la milicia shiita, que dieron comienzo a esta ya comprobada inútil guerra (la inteligencia israelí confirmó que cuando el gobierno de Olmert lanzó la ofensiva militar ambos, Goldwasser y Regev ya estaban muertos), vivían la peor de las pesadillas al verlos llegar en un féretro.

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Israel también aprovechó para entregar a sus deudos los cuerpos de 200 combatientes libaneses y palestinos.

Si bien alegra que dos naciones que estuvieron severamente enfrentadas hayan logrado un mecanismo de entendimiento para cerrar un durísimo capítulo en su relación como lo es una guerra, este cambio de figuritas muertas no hace más que reivindicar el hecho que en una guerra pierden todos y no gana nadie.

Foto: mi blog-shomer