Ni toda la tecnología del mundo en sus manos, ni a la vuelta de la esquina, ni el hecho de formar parte del país con mayor desarrollo del mundo, parecen aquietar los ánimos de los japoneses, que una vez más vuelven a ser protagonistas de un alarmante récord, por décima vez consecutiva en los últimos diez años: más de 30 mil japoneses se suicidaron durante 2007.

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Aunque no pudo arrebatarle el trono al 2003 que se quedó con la triste punta de haber sido testigo del suicidio de 34.427 ciudadanos, la policía japonesa, con la medición en mano, informó que el año pasado fueron 33.093 los japoneses que tomaron la trágica decisión de quitarse la vida, incrementando la cifra un 2,9 % respecto del año anterior.

Si bien esta cifra se repite año tras año, sigue siendo algo realmente sorprendente y digno de estudio que se produzca en una nación en la cual, a priori, la población, no está presionada o con la soga al cuello como suele suceder en otros lugares del mundo, donde el desarrollo y las posibilidades de trabajo no son para nada una moneda corriente como lo son allí.

Según informan las autoridades japonesas, el factor determinante es la depresión y aunque se vienen haciendo distintos esfuerzos orientados a reducir esta cifra, sin dudas, el fracaso es más que evidente.

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