spit.jpgHaz lo que yo digo pero no lo que yo hago, es la frase que mejor define por estas horas al protagonista del nuevo escándalo sexual que sacude a los Estados Unidos, el gobernador de Nueva York, el demócrata Eliot Spitzer.

Aunque esta vinculación de sexo y política parece moneda corriente en el país, Bill Clinton con la becaria Mónica Lewinsky, hace poco el flamante candidato presidencial republicano, John McCain, con una lobbista, no deja de causar sorpresa y un gran revuelo que justamente uno de los hombres que supo ser uno de los fiscales, que con una enorme rigidez entabló una lucha personal contra la corrupción y la prostitución, haya sido denunciado de pertenecer a una red de prostitución Vip.

La noticia publicada a través del sitio web del diario New York Times, dejó boquiabiertos a los neoyorkinos, principalmente y al resto de los ciudadanos que estimaban por sobre todas las cosas la calidad moral y la honestidad de Spitzer, cuando se confirmó mediante una comunicación telefónica interceptada por el FBI, que el gobernador utilizaba los “servicios” de esta red por la módica suma de entre tres mil cien y cinco mil dólares la hora.

Y como suele suceder en este tipo de casos, en una foto repetida, Spitzer parado junto a su esposa, hizo el mea culpa y pidió perdón a todos los que depositaron su confianza en el, en una conferencia de prensa.

Desde el búnker de la pre candidata presidencial Hillary Clinton, ya estarían barajando soltarle la mano a Spitzer, uno de los delegados que apoya su candidatura, para que el caso no provoqué otro daño más a la alicaída campaña de la ex primera dama.

Foto: Clarín