lugo.jpgDos hechos inéditos signaron la elección presidencial de Paraguay en la jornada de ayer.
Por un lado que un hombre de la Iglesia, el ex obispo Fernando Lugo (por el momento suspendido en su cargo pastoral) fue consagrado presidente del país. Y por el otro, significó la ruptura de una tradición arraigadísima que duró 61 años in interrumpidos, como era votar al Partido Colorado, envuelto, a lo largo de este tiempo, en varios casos de corrupción.

Incluso y a pesar de la operación previa que llevó a cabo la mencionada agrupación política, anunciando resultados muy parejos y advirtiendo la posibilidad de incidentes, la ventaja que obtuvo Lugo con su partido Alianza Patriótica para el Cambio (APC), sobre su principal rival, la actual ministra de educación de la Nación, Blanca Ovelar del Partido Colorado por un pelito más del 10%, 40,8% contra 30,7% fue contundente.

Los ciudadanos paraguayos cansados de penar por el hambre y la exclusión irreversible, acudieron en una buena cantidad a las urnas y promovieron este cambio de timón en la conducción política de su país.

Parecería que Latinoamérica en su gran mayoría y ahora con el resultado paraguayo puesto, se está corriendo hacia la izquierda, por lo menos en su intención de voto.
Hartos los latinos, seguramente, de soportar durante décadas la corrupción y el vaciamiento de los países que llevó a cabo la derecha. Así es que se abrieron paso los Chávez en Venezuela los Lula, en Brasil, los Kirchner en Argentina, Tabaré Vázquez en Uruguay y Evo Morales en Bolivia, para nombrar tan solo algunos. Y hoy se suma Lugo, bienvenidos ea si sirve para mejorar la calidad de vida del pueblo paraguayo.

Foto: Clarín