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El derrame de 350 mil litros de crudo en el mar chileno trajo aparejado un daño ecológico y ambiental sin precedente en este país. El 25 de mayo, la Empresa Nacional del Petróleo (ENAP) confirmó que uno de sus ductos había sufrido una fisura que generaría la contaminación de toda la zona de la bahía de San Vicente.

Los más afectados son los lobos marinos y las aves de la región, en estos momentos especialistas, docentes y alumnos de tres universidades se encargan de la limpieza de la fauna y flora del lugar y del análisis del impacto ambiental del desastre. Las consecuencias económicas se vieron también en la producción pesquera y de recolección de mariscos.

El desastre ambiental tendrá efectos a largo plazo. Ana María Aldana, fiscal de la causa, es la encargada de llevar a cabo la investigación para confirmar lo ocurrido y procesar a los culpables.

Es claro que las empresas petroleras estatales y privadas, tanto en el caso chileno como en infinidad de casos en el resto de América Latina, deben hacerse responsable de sus acciones. Cada vez que una empresa contamina el medio ambiente es culpable no sólo de las pérdidas ecológicas, sino también de la degradación actual y futura de las vidas humanas de la región.

Foto: El Diario