Tras todos los trastornos político sociales que viene sufriendo Myanmar desde agosto del año pasado y que la convirtieron casi en protagonista excluyente de casi todas las crónicas internacionales, como consecuencia de la terrible represión que el estado ejerció contra monjes budistas que se manifestaron, en ese momento, en contra de los aumentos forzosos en combustibles y transportes que impuso la dictadura militar que viene gobernando el país desde 1962 y 17 años por la fuerza, cuando se apoderaron del poder, aún habiendo, por una gran diferencia, perdido las elecciones ante la Liga Nacional para la Democracia, vuelve a conmover a la comunidad internacional con los devastadores daños que el ciclón tropical, Nargis acaba de provocarle a la nación.

Algunos de los números escalofriantes que produjo hasta el momento este fenómeno natural de 240 Km. /hora (de destrucción) son: 10.000 muertos, 3.000 desaparecidos e innumerables destrozos materiales.
La tremenda magnitud del desastre natural, que es el segundo en orden de alcances en el continente, después del Tsunami de Diciembre de 2004, llevó a que las autoridades locales declarasen el estado de emergencia en las zonas llamadas Irrawaddy, Yangon, Pegu, Karen y Mon, al sur del país asiático, la zona más afectada por el ciclón.
Incluso algunos observadores directos de la tragedia, que pudieron cuantificar los daños, describieron su actual fisonomia como una auténtica zona de guerra.

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Además, genera una sensación de doble catástrofe, al producirse tan solo unos días antes de la celebración de un decisivo acontecimiento político en el país, como era la consulta popular de una reforma en las bases de su constitución, hecho esperadísimo desde la perdida de la democracia hace 17 años.

Foto: AFP