kirch1.jpgMientras apretaba las manos y se abrazaba con el presidente argentino Nestor Kirchner y su esposa, la recientemente electa presidenta de Argentina, Cristina Kirchner, el presidente uruguayo Tabaré Vázquez ya había dado el vía libre para que a las pocas horas la planta de celulosa Botnia comenzase a funcionar.

Por eso desde todos los costados políticos se leyó la situación como una traición. Es más, el presidente Kirchner dijo que lo de Tabaré fue una puñalada por la espalda.

Si bien el funcionamiento de Botnia era inminente, el gobierno argentino nunca imagino que mientras “el judas uruguayo” los abrazaba y hasta demostraba una actitud de apertura al diálogo para acercar posiciones, nada menos que con la mediación del Rey Juan Carlos de España y en el marco de la Cumbre Iberoamericana, ya le había ordenado al ministro de Medio Ambiente de su país, que los motores de Botnia ya podían ser encendidos, para que la planta empiece a producir la altamente contaminante pasta de celulosa, que tanto ha resentido las relaciones entre ambos países, por la férrea oposición de Argentina a la instalación de la misma, en territorio lindante a la vecina localidad Argentina de Gualeguaychú.

Desde la otra orilla del Río de la Plata, Tabaré, comentó que aceleró su decisión por el encuentro que Kirchner mantuvo con ambientalistas argentinos, entendido como una clara señal del rompimiento del diálogo.

Sin dudas que si las relaciones entre Argentina y Uruguay estaban frías, después de esto acaban de entrar al freezer.
Ahora resta esperar la sentencia internacional y definitiva del Tribunal de la Haya sobre el caso.

Foto: Clarín